Chocolate: entre el placer, el pecado y la salud.

 
Prácticamente a todos los niños les gusta el chocolate. Recuerdo el placer de comer un trozo de chocolate, esa placentera sensación se veía mitigada y distorsionada por un aura que adornaba a este alimento y que dejaba vislumbrar que aquello no era del todo bueno. Era un alimento bajo sospecha, me atrevería decir que, casi estaba ataviado de un halo pecaminoso. Era este un pecado raro pues nos permitían pecar ‘un poquito’, pero sin pasarse. Los niños pecábamos ese poquito con el consentimiento de nuestra madre, que era la que controlaba el tamaño de la onza de chocolate que podíamos comer.

¿De dónde procede esa idea que nos impidió en nuestra niñez disfrutar abiertamente del placer de comer chocolate sin sentir remordimiento?

Tenemos datos que nos indican que, al menos, desde el siglo séptimo antes de Cristo, las civilizaciones Mesoamericanas consumían chocolate, preparado como una bebida a base de polvo de cacao y agua que, a menudo, mezclaban con especies y finalmente con maíz molido. Llama la atención que las civilizaciones pre-colombinas usaban el cacao como una medicina y los mayas lo consideraban como un regalo de los dioses. El cacao tenía un papel crucial desde el punto de vista social y político. Al mismo tiempo era una bebida estimulante, un alimento caro que poseía un valor simbólico de poder y estatus social y, por último, incluso servía como moneda de cambio.

Fray Jerónimo de Aguilar, un monje del Cister que acompañó a Hernán Cortés en su viaje a México, envió en 1528 el primer cacao junto con la receta del chocolate al abad del Monasterio de Piedra de Zaragoza, donde se hizo por primera vez en Europa esta bebida. Desde aquí, se extendió al resto de países europeos la costumbre de consumir chocolate, el ‘oro marrón’, que se convirtió en una bebida de moda entre la alta sociedad, dado que los granos de cacao eran escasos y caros. Desde un primer momento se constató sus efectos estimulantes y euforizantes. Incluso, se le consideraba como un afrodisiaco. De aquí surge su vinculación con lo pecaminoso y lo prohibido.

El manuscrito Badianus es el primer tratado de plantas medicinales y remedios nativos mexicanos, fue escrito por dos aztecas. En el manuscrito se describe el uso del cacao como remedio frente a diferentes males, como: angina de pecho, estreñimiento, sarro dental, disentería, dispepsia, indigestión, cansancio, gota y hemorroides.

Los estudios científicos actuales confirman los efectos saludables del cacao, contiene una cantidad apreciable de polifenoles que le conferían el picor y amargor característico a la bebida originaria de chocolate que consumían Mayas y Aztecas. Para enmascarar estas características organolépticas se cambió la composición original del chocolate y se le añadía azúcar, leche y otros ingredientes, al mismo tiempo que disminuía significativamente la cantidad de cacao. Todo ello repercute significativamente en las características saludables del producto final.

Consecuentemente, el chocolate original, puede considerarse como un alimento funcional que fomenta la salud gracias a la presencia de cacao. El chocolate más sano, será aquél que contenga el mayor porcentaje posible de cacao.

Información completa: www.ideal.es

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